Dentro de un contexto internacional que impulsó la abstracción,
el informalismo y la experimentación matérica, y tras
la presentación de Arte Destructivo en la Galería Lirolay de
Buenos Aires en 1961, algunos artistas argentinos ensayaron
la utilización de elementos precarios ensamblados, con
grosores y texturas pictóricas. Durante los sesenta Rubén
Santantonín construyó un conjunto de obras denominadas
por él mismo «cosas», y a comienzos de la década siguiente
Víctor Grippo comenzó a trabajar con papas, cables y metales.
En este artículo consideraremos los trabajos de Santantonín
y de Grippo en el marco de los aportes teóricos de los
Estudios Visuales, destacando aquellas bases materiales que
convierten sus producciones en objetualidades vulnerables,
inmersas en una estética vigorosa y sensible.